La belleza cumple un siglo: cien años de la Teoría de la Relatividad General de Einstein

einsteinHace un siglo exacto, el 25 de noviembre de 1915, Albert Einstein presentaba en Berlín la teoría de la relatividad general, un documento que removió los cimientos de la física y cambió el conocimiento acerca del mundo y del Universo. Esta teoría supuso toda una revolución científica, revelando que el espacio y el tiempo –que no transcurre igual en todas partes– están entrelazados y se pueden deformar. El avance ha deslumbrado desde entonces a los físicos y está considerado como una de las cimas intelectuales de la humanidad.

Einstein llegó a formular la relatividad general, su gran teoría sobre la gravedad, el espacio, el tiempo y el cosmos, partiendo menos de los datos que de la intuición, menos del conocimiento que de la imaginación, y pese a todo llegó a una teoría que no solo se ha mostrado en extremo eficaz y fructífera, sino que se reconoce entre sus colegas como la más bella de la historia de la ciencia.

Que la belleza tenga algún papel en la ciencia es algo que deja perplejo a casi todo el mundo. La ciencia, según la percepción común, es el terreno del cálculo preciso, la observación rigurosa y el razonamiento implacable, y no se ve muy bien qué pueden pintar en ese marco las consideraciones estéticas. Y todo esto es cierto, muy probablemente, para la inmensa mayoría de la producción científica. Pero los grandes saltos conceptuales son obra de gente muy rara, y ahí los prejuicios del rigor y la austeridad patinan de manera estrepitosa. Los que se salen del marco son gente muy inteligente, sí, pero también muy imaginativa, muy creativa y muy sobrada.

Las matemáticas de la relatividad general son de una dificultad disuasoria para el lego, pero el punto de partida de Einstein fue muy simple e intuitivo. “La idea más feliz de mi vida”, según la propia descripción de Einstein, que la contó así: “Estaba sentado en la oficina de patentes de Berna, en 1907, cuando, de repente, me vino una idea: una persona en caída libre no sentirá su propio peso. Quedé sorprendido. Esa sencilla idea me causó una profunda impresión y me impulsó hacia una teoría de la gravitación”. Lo que hoy puede experimentar cualquier visitante de un parque de atracciones –la ingravidez en caída libre— fue el disparador de la teoría que fundó la cosmología moderna. Qué cosas.

¿Y para qué sirven las ecuaciones de Einstein además de para explicar los apasionantes entresijos del Universo? Están en cosas más cercanas de lo que pensamos.
Los móviles y los GPS: los satélites gracias a los cuales sabemos dónde estamos tienen relojes atómicos que, al estar en menor gravedad, van más rápido que los de la superficie, así que haciendo caso a Einstein hay que corregir ese desfase.

Después de un siglo, estos postulados siguen tan vigentes como el primer día, enriquecidos con los descubrimientos astronómicos modernos.Albert Einstein creó una visión totalmente revolucionaria, radical en su planteamiento, que puso patas arriba la concepción del Universo, redefiniendo conceptos hasta entonces sagrados como el tiempo, el espacio o la gravedad. Desde ese 25 de noviembre de 1915, los científicos han demostrado una y otra vez la validez de sus teorías. Junto con la mecánica cuántica, es uno de los dos pilares sobre el que se basa la física moderna.
 

Acerca de Elvira González

Asesora de Ciencias de la Naturaleza en el Berritzegune Central de Bilbao.
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