Nanotecnología, de ciencia-ficción a negocio rentable

Las nanociencias y las nanotecnologías son nuevas áreas deinvestigación y desarrollo (I+D) cuyo objetivo es el controldel comportamiento y la estructura fundamental de la materia a nivel atómico y molecular. Estas disciplinas abren las puertas a la compresión de nuevos fenómenos y al descubrimiento de nuevas propiedades susceptibles de ser utilizables a escala macroscópica y microscópica. Las aplicaciones de las nanotecnologías son cada vez más visibles y su impacto se dejará sentir pronto en la vida cotidiana.

Materiales más ligeros y fuertes para los automóviles y la medicina, envolturas inteligentes para alimentos que aportan frescura y calidad, gafas imposibles de rayar, cemento reforzado conseguido quemando arroz, o salsas de tomate más fluidas o espesas gracias a partículas de arena. ¿Es ciencia-ficción? La respuesta es no.

Se trata de nanotecnología, un proceso que probablemente aún no suene lo suficiente, pero que ya está presente en muchos productos que utilizamos a diario y que, en el futuro, estará en todas partes. Consiste en el control y tratamiento de la materia a escala nanométrica (una milmillonésima de metro), decenas de miles de veces más pequeña que el diámetro de un cabello humano.

A esa escala, es posible manipular el comportamiento a nivel atómico y molecular, con lo que se consiguen aplicaciones cada vez más visibles y prácticas en la vida cotidiana. Su uso puede conllevar mejoras en ámbitos como el diagnóstico de enfermedades, la inserción de microimplantes médicos o el diseño de paneles solares.

Según los expertos, el negocio de productos y servicios relacionados con la nanotecnología en todo el mundo superaría ya los 500.000 millones de euros. Pero esta cifra se duplicará en cinco años, ya que las previsiones apuntan a que en 2015 alcanzará un billón de euros.

Algunas fuentes más optimistas habían estimado a principios del milenio que en 2015 las ventas relacionadas con lo nano podrían llegar a superar los 3 billones de euros.

Sin embargo, como apunta el investigador del Instituto de Ciencia de los Materiales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Pedro Serena, las correcciones de los últimos años y la incertidumbre generada por la crisis económica hace pensar que la cifra de un billón de euros es la proyección más certera para 2015. Así, la National Science Foundation prevé que en ese año el mercado relacionado con la nanotecnología alcance exactamente 1,1 billones de euros.

No obstante, la evolución de la nanotecnología está siendo meteórica en todo el mundo. Los 52.000 millones de euros en ventas de 2001 se han multiplicado por diez en 2010.

En España, como en la mayoría de países, las grandes empresas y corporaciones ya están aplicando la nanotecnología en sus procesos de fabricación. Sin embargo, como explica Serena, «es muy difícil calcular con exactitud el negocio que se deriva de ello ya que, por ejemplo, los informes del Instituto Nacional de Estadística o de comercio exterior no cuentan con un apartado específico dedicado a este ámbito y en otros países ocurre lo mismo».
Pero los ejemplos de su presencia en la sociedad se multiplican constantemente. Acciona Infraestructuras ha ensayado ya en algunas carreteras el reforzamiento de vigas con nanotubos de carbono; Farmamar (Grupo Zeltia) ha creado cerca de 50 patentes de nanofarma; y el Grupo Antolín lidera un proyecto para utilizar nanotubos y nanofibras de carbono en la producción de componentes de automoción.

Planes específicos

El Ejecutivo español cuenta con un plan de acción destinado específicamente a la nanociencia y nanotecnología, en el que invierte alrededor de 80 millones de euros cada año. A ello, habría que sumar las partidas que dedican las administraciones autonómicas y el sector privado.

Desde el Ministerio de Ciencia e Innovación destacan que la nanociencia y la nanotecnología conforman una de las acciones estratégicas del Plan Nacional de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) 2008-2011 del Gobierno. Además, recuerdan que España y Portugal cuentan desde 2010 con un nuevo centro científico de vanguardia a nivel europeo: el Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL). «Esta iniciativa persigue una transferencia fluida de la tecnología y el conocimiento a nivel europeo y el fortalecimiento del posicionamiento competitivo de la UE en la nanotecnología».

La mayoría de Gobiernos y organismos relacionados con esta nueva ciencia están potenciando sus esfuerzos, sobre todo en Estados Unidos y la Unión Europea.

En el 2008 existían ya 12.000 patentes de productos nano, el 70% de los cuales pertenecía a grandes empresas y corporaciones. En medicina, uno de los campos con más aplicaciones, existen en la actualidad un centenar de fármacos basados en esquemas de nanotecnología. Además, según el científico Josep Samitier, la nanobiotecnología puede mejorar el diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades y lesiones traumáticas.

La UNESCO ve la situación como una carrera hacia la comercialización de aplicaciones. Y espera que entre 2015 y 2030 los nanoproductos hegemonicen campos tan diversos como el de materiales resistentes y ligeros, los componentes electrónicos informáticos de alta velocidad, los fármacos más eficientes o los almacenamientos magnéticos de alta capacidad.

España, hacia la cabeza

Nadie se quiere quedar atrás. Empresarios y responsables públicos son conscientes de la importancia que tendrá en el futuro inmediato el negocio relacionado con la nanotecnología. Por eso, los centros dedicados a su estudio y aplicación se han multiplicado en los últimos años.

En estos momentos, nuestro país cuenta con una decena, creados prácticamente en los últimos 7 años; algunos de ellos todavía se están poniendo en marcha. El mayor, aunque se encuentra en Braga (Portugal), es un proyecto conjunto llevado a cabo con el país vecino. Se trata del Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL), que el pasado año dio sus primeros pasos.

Según apuntan desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, el INL es una iniciativa hispano-lusa «para situar a ambos países en el liderazgo de la nanotecnología o ciencia de lo minúsculo, una disciplina cada vez más amplia y con muchas aplicaciones en la fabricación de componentes microscópicos para sectores como la industria, la medicina y las telecomunicaciones».

La inversión prevista para la puesta en marcha del laboratorio, en el que trabajarán más de 200 investigadores internacionales cuando alcance su pleno rendimiento, asciende a 106 millones de euros. El INL desarrollará sus actividades en las áreas de nanomedicina, medioambiente y control alimentario, nanoelectrónica, y nanoequipamiento y maquinaria.

Pero éste no es el único centro que se ha impulsado en nuestro país. Entre los más destacados también se encuentra el liderado por el científico Pedro Echenique en el País Vasco; el Instituto de Nanociencia de Aragón; el proyecto realizado conjuntamente por el CSIC y la Generalitat de Cataluña; y otras iniciativas en Madrid, Málaga, Valencia, Castilla-La Mancha y Canarias, esta última dedicada específicamente a nanomateriales.

Fuente: Colpisa.com

Acerca de Elvira González

Asesora de Ciencias de la Naturaleza en el Berritzegune Central de Bilbao.
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